Músicos en la calle

Las enormes ciudades en las que vivimos. Esas gigantescas colmenas de hormigón. Urbes repletas de caos , polución y gritos ahogados en una existencia en la que prima la urgencia. Nosotros, el hombre urbano, seres cuya vida se basa en un código de tiempo milimetrado, en el que no nos sobra ni un solo segundo. Quizás debamos de pararnos. Detenernos y echar una simple mirada a lo que nos rodea. A esas pequeñas cosas que pueden hacer de nuestra acelerada vida, algo mucho más placentero. Pequeñas porciones de tiempo que llegan a significar un mar de calma dentro del caos.

El caos. El caos que nos rodea. Ruido y más ruido. Polución sonora la llaman. Para ello, tenemos un gran alivio en estas nuestras ciudades, pero del cual ni tan siquiera llegamos a ser conscientes. Salvadores de almas podríamos llamarlos de una manera casi mística. Pero esto es solo una visión más allá de la realidad. Músicos en la calle . Gente que deambula de un lado para otro buscando un público que se les escapa. Otros, afianzados en una pequeña porción de espacio público, dispuestos a compartir un fragmento de su ser. En definitiva, personas que dan parte de su sensibilidad, de sus raíces, para de alguna manera poder llegar a fin de mes y no más que alimentarse y poder proporcionarse un techo bajo el que poder dormir.

Salvadores de almas . Pequeñas sonrisas que nos hacen esbozar a lo largo de un día. Sonrisas que quizás sean las únicas en mucho tiempo. Una caricia a nuestros corazones, fríos e insensibilizados, que vuelven a sentir el suave y fluido correr de la sangre como alimento de vida. La música , oración celestial que no conoce ni leyes, ni imposiciones, solo libertad. A todos ellos, trabajadores de la calle , trovadores musicales que nos deleitan con su saber, sus experiencias y sus propias vidas. gracias.

Redacción David Díaz Ortega

Fotografía Rober Afonso y Luis Sánchez P.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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