Mimos

Mimo:

  1. Entre griegos y romanos, farsante del género cómico más bajo; bufón hábil en gesticular y en imitar en la escena o fuera de ella.
  2. Farsa, representación teatral ligera, festiva y generalmente obscena.
  3. Actor, intérprete teatral que se vale exclusiva o preferentemente de gestos y de movimientos corporales para actuar ante el público.

(Real Academia Española. RAE)

Pantomima: El arte o género de concebir una historia solo con movimientos corporales.

Con estas dos definiciones queda claro el carácter del siguiente escrito. Los mimos , actores que hacen de la ausencia de palabras un arte rico en significados, tantos como el mimo quiera dar a entender.

Desde siempre el hombre ha coexistido con el lenguaje gestual . A la hora de comunicarse, de hablar de sus experiencias y sus propios descubrimientos, el hombre ha hecho uso de dicho lenguaje gestual y corporal . De esta manera, y con el paso del tiempo, nace la figura del actor , que era todo en uno; bailarín, cantante y mimo .

Según cita Peter Roberts en su libro "Mimo, el arte del silencio" , los estudiosos del tema apuntan que el primero en hacer pantomima en Roma fue el artista griego Livius Andronicus , quien por ser tan popular perdió la voz debido a sus numerosas representaciones y recurría al gesto para dar a conocer sus poesías. En 1576 un grupo italiano de actores se instaló en París logrando un inesperado éxito a raíz de sus críticas a la autoridad. De esta manera se les prohibió el texto y recurrieron al gesto para continuar con su trabajo. Francia acoge este nuevo estilo y crea tradición propia hasta el día de hoy. Considerado como el padre del mimo moderno , Etienne Decroux , dedicó su vida a la investigación del movimiento y al redescubrimiento del mimo . Creó teorías, ilusiones y una escuela de mimos de donde salieron Jean-Louis Barrault , Frederik Vanmelle , Peter Roberts y el conocido Marcel Marceau entre otros.

El mimo , como ya hemos apuntado, es ese actor que nos transmite haciéndose valer de la misma ausencia de palabras. Aún así, lo que más cercano nos queda a todos nosotros, son aquellos que popularmente son conocidos como Estatuas humanas o Estatuas vivientes . Personas que permanecen inmóviles a lo largo de toda una jornada, formando parte del decorado de nuestra ciudad. Inmobiliario urbano con corazón propio. Su sangre, para muchos congelada, hierve por el lanzamiento de una simple moneda, para de esta manera sorprendernos con uno de sus majestuosos movimientos mecánicos. Mirada perdida en el vacío, pensamientos desconocidos, espacio atemporal donde residen, paz interior aunque solo sea por un tiempo que no existe...

Redacción por David Díaz Ortega

Fotografía Melanie M, Luis Sánchez P.

 
 
 
 
 
 
 
 
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