“Envasado al vacío” Antonio de Saá
presenta en el CICCA su obra que se muestra desde el 10 de diciembre
hasta el 31 del mismo mes.
La memoria cómplice devuelve trazos puros. Paredes sobre las
que amanece o cae la noche. Tapias que se desvisten y a veces…
horizontes. Hay quien ha caminado por calles de arena de playa y bordeando
orillas de pretéritas mareas que s encaprichan en formas surrealistas
tras el añil azul de las esquinas.
El escenario del barrio marinero se desvanece en el sueño
adolescente para situarse a lomos de laderas y barrancos, desplegando
un laberinto de cromática pureza. Los perfiles a los que
me vinculo pueden descifrarse en paisajes cotidianos o recortarse
en el mar. No me causa extrañeza en el lienzo la inocente
esbeltez de su silueta ni la erguida ascensión de los edificios.
Sin más excusa que una puerta entreabierta y sin otra justificación
que la luz de cada secuencia, el mundo urbano se hace imagen en
una sedienta fragua de pasión por el color.
Tampoco me sorprende la paulatina aparición de la vegetación
que, enredándose por las esquinas, aparece con manifiesta
voluntad de liberación en un jardín habitado, exultante
y espléndido, salpicado de rígida geometría
y en perfecta reconciliación con la naturaleza.
Ahora veo esos planos descompuestos de la ciudad, calles que vuelven
a mi, luces que nunca se han se han ido, verdor que ya había
descubierto, lugares que permanecen imbatibles como topografía
de identidad. Esa urbe que vive en mi interior se proyecta hoy sin
contaminar, estilizada, íntima y exuberante, como cálido
y poderoso recuerdo envasado al vacío.
Por Antonio de Saá |