Hoy ha llegado mi hora, toda mi familia ha venido
a verme, es irónico pero llevo mi mejor traje.
Mi mujer llora y a pesar de estar tan cerca no puedo
consolarla, soy peligroso para la sociedad.
No llevo mal las cadenas en mi manos, pero si, las
cadenas que llevo en mi alma!
Hay un cura que dice que ahora es el momento de
pedir perdón, para así no caer en el infierno y
librarme de todo mal, por lo visto después de esto Dios
me espera en algún lado!
Creo que no soy una mala persona, creo que no merezco
morir así...
El pasillo cada vez es más corto y la luz
cada vez es más clara, mis compañeros me miran con
respeto, al fin y al cabo todos estamos aquí por lo mismo!
Me siento, los miro, me callo, respiro profundo,
están apunto de bajar la palanca que me separará
en un instante para siempre de mi vida.
Lo peor de todo es que siempre han estado equivocados, nunca confiaron
en mis palabras, quizás por ser negro, un color que cubre
mi alma!
Me preguntan que si quiero decir algo antes de morir
y mirando a los ojos de mi mujer le digo; SOY INOCENTE!!!
Agacho la mirada y así con lágrimas en los ojos
digo adiós.
Por Yoana Garrofé Herrera