El próximo 21 de septiembre y hasta el 7 de noviembre
la Galería Helga de Alvear presenta las obras de Alberto
Peral (“Time”) y Katharina Grosse.
Según las palabras de Alberto Peral sobre su propia obra:
“Me fascinan lugares como el templo de Todai-ji en Nara,
con su Buda gigantesco, o aquellos otros en la India que contienen
elefantes colosales que tenían que esculpirse antes de
construir el edificio.
En esta ocasión presento una sola pieza en el piso superior
de la Galería Helga de Alvear.
Pulida y modificada sucesivas veces hasta encontrar la proporción
adecuada en su relación con el espectador, con su mirada.
Sus dimensiones, su peso, su materialidad son de una importancia
fundamental. La “presencia” de la pieza le otorga
la fuerza y la energía al lugar. Está realizada
en un material brillante y torneada como una peonza.
Su proporción hace verla como un gran árbol que
se abre hacia el techo o como un reloj de arena de enorme tamaño.
Vine de Roma obsesionado con la forma del reloj de arena. El último
día de mi estancia en la ciudad compré uno muy pequeño,
de un minuto, en una tienda maravillosa llamada Polvere di Tempo
en el Trastevere y ahora siempre lo llevo conmigo.
Desde entonces esta forma me persigue. Es voluptuosa y frágil,
estilizada, simétrica. Una gran peana que evoca y prepara
el significado de lo que sostiene, una metáfora del tiempo,
una escultura-peana, una peana-escultura. A su vez tótem,
flor, génesis, explosión, tarro de fragancias, lecho,
nido, ídolo…… Un símbolo brillante.”
En lo referente a Katharina Grosse (1961, Friburgo) en su primera
exposición individual en la Galería Helga de Alvear,
presenta “Faux Rocks“, un proyecto que desafía
nuestras expectativas sobre la relación entre la pintura,
el soporte y el espacio que ocupa.
En 1998 Grosse comenzó a aplicar la pintura directamente
sobre las paredes por medio de sprays. De esta forma las capas
de color se mezclan mientras que la estructura arquitectónica
se mantiene intacta. Se producen así profundos cambios
de perspectiva y de escala creando un entorno en permanente mudanza.
Esquinas y rincones permanecen donde estaban, marcando un espacio
que la pintura pretende desmaterializar. La artista altera su
entorno con su actividad al mismo tiempo que este afecta al espectador
desubicándole.
Estas obras la obligan a llevar un sistema de trabajo muy determinado:
mientras el compresor de pintura la permite realizar trazos largos
y movimientos violentos y expresivos, la protección física
obligada acarrea un cierto distanciamiento físico respecto
a la obra.
En los últimos cuatro años Grosse ha venido incorporando
a estos escenarios objetos reales, como libros, camas o montones
de ropa. Así expande radicalmente los términos de
su encuentro con el color y el espacio. Trabajos más recientes
incluyen también materiales menos definidos como pilas
de tierra o rocas lo que le permiten nuevas visualizaciones del
volumen.
Para su exposición en Helga de Alvear, Grosse llena la
sala con una enorme estructura en forma de rocas. Estas parecen
flotar en el espacio, como si hubieran aterrizado allí
en una versión ligera y gigante de un montón de
cantos de río. A su vez funcionan como un gran lienzo inflado
que mueve la pintura de su superficie a través del aire.
La voluntad de la artista es la de ofrecer una nueva visualización
del volumen a través del color.
En la segunda sala, una extensa colección de dibujos nos
muestra el trabajo de Katharina Grosse sobre un soporte tradicional
y pone de manifiesto la forma en la que el color, el gesto y la
expresividad de la artista se han trasladado de la pared al papel.
En el año 2000 recibió el prestigioso Premio de
la Hamburguer Bahnhof para artistas jóvenes. Recientemente
ha expuesto en la Neue Nationalgalerie, Berlín y en el
Centro De Appel de Ámsterdam.
Redacción Cadencialatina