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Desde el 24 de agosto hasta el 14 de octubre en la Galería Sicart, 06’Vilafranca Contemporània se presenta con el título “Crisis?, qué crisis?. En la exposición podemos encontrar obras que hablan de la experimentación con uno mismo (Ruth Morán), de los espacios físicos y mentales de los que nos rodeamos (Marta Espinach), de los comportamientos humanos (Florian Beckers), de la poética de la creación (Cristina Calderón), de la simbiosis con otras artes como el cine (Anna Olivella) o la literatura (José Luis Serzo), de nuestra relación con la naturaleza (Maslen & Mehra), de la violencia latente en muchas de nuestras facetas cotidianas (Jaume Parera), de l’ácida ironía sobre la identidad (Nicanor Araoz), de la fugacidad de la vida (Gisela Ràfols), de la relación con la muerte (Miquel Jordà), y de la constante necesitad que tenemos de huir de todas estas tensiones (Florence Vaisberg).

Formada por 12 artistas vinculados a nuestra galería, 5 exponen en ella por primera vez.

NICANOR ARAOZ, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1981
Un conejito descansa posado sobre una pelota inflable de playa. Vacío sobre vacío. Una perpetua e indolora eternidad. Hablo sobre el dolor. Dolor que ya no se siente. De mi incapacidad de verbalizar finales. De un hueco expansivo en el tórax que aloja un eco eterno.
Animales taxidermizados que escenifican venganzas y maniobras. Están en el borde / precipicio de lo presente / ausente, Seres que fueron, animales que son sin serlo.
Rebosando de quietud en un palacio de azúcar. Allí venganza, tristeza e ira se entrelazan y conforman una constelación que se balancea sobre mi cama. Los contornos son, piel es contorno, piel es arista, comienzo y fin. Órganos y fluidos se ausentan, son removidos y así todo tipo de sensación en el cuerpo. Es tan solo un lejano sueño que se trata evocar. Todo tipo de caricia es solo una pesadilla lejana.Tragedias griegas, fábulas de Walt Disney, bosques repletos de secretos, bazares llenos de colores, golosinas, héroes, víctimas y bandidos. Tan amables como un silencio de nube. Como la destrucción de todo un prado a causa de un tornado, un rifle cargado en el armario, una docena de caramelos de sandía en el bolsillo, un pequeño insecto del que se sospecha una picadura mortal.

FLORIAN BECKERS, Dusseldorf, Alemania. 1971
Mi obra es sobre imágenes fotográficas que emergen de la oscuridad y desaparecen en parte hacia ella de nuevo. Los “fragmentos de realidad” que pueden reconocerse reflejan comportamientos humanos. Las cosas que se ven sirven para desencadenar algo que existe más allá de lo que se ve pero que significa lo que es esencial. Las imágenes pueden descubrir-se así por el mismo observador. Deben ser completadas por la fuerza de su imaginación.

CRISTINA CALDERON, Barcelona, 1972
Hálito pertenece a un conjunto de obras entorno a la idea de tiempo. Pretende solapar distintas capas de tiempo como si éste pudiera ser concebido a modo de cebolla. Un estrato sobre otro muestran dos imágenes distintas: la de un tiempo congelado, sedimentado, un presente constante e imperecedero (representada por el dibujo) sobre otro que continuamente se desvanece, se diluye y eternamente se repite (en vídeo). La quietud y el movimiento. El interior de una sala habitada por el desorden, el uso, el desuso, la caducidad, la prescripción de objetos, libros, letras, que abandonados quizás se posan sobre mesas y suelos. La quietud del conjunto se borra cuando un hálito invade la habitación. Podemos parar o movernos, nunca saldremos de nuestra restringida realidad, limitada por un espacio y un tiempo concreto. La aparente libertad expresada por el vuelo de los papeles se auto califica en las vueltas en torno a sí mismos: nada se mueve.

MARTA ESPINACH, Gelida, Barcelona, 1967
Fotografías en color, de unos espacios de paso irreales, construidos como maquetas y luego fotografiados con juegos de luces que nos los presentan como extraños e inhóspitos. Se trata de espacios imaginados donde se pone el interés en éste y no en el personaje que no existe pero está latente, y se le intuye. El personaje, que en este caso puede ser el mismo espectador, en un espacio que es un no-lugar, un laberinto concebido para no permanecer sino para atravesar. De aquí que estos interiores como pequeños teatrillos o casas de muñecas estén salpicados de aberturas, puertas y pasillos, donde no se nos permite ver qué hay realmente más allá, con la inquietud que ello supone: un espacio en el que estamos obligados a transitar, a atravesar, sin saber hacia donde nos van a llevar nuestros pasos.

MIQUEL JORDÁ, Valencia, 1.963
Body & soul. Reflexión de la dualidad cuerpo – alma del ser humano. A través de la costumbre del siglo pasado en México de fotografiar niños nacidos muertos por sus familiares, el artista reconstruye una visión del "recuerdo" de sus existencias. Retratos fetiches y a la vez dolorosos que nos hacen recapacitar sobre el fugaz paso de nuestras vidas.

MASLEN & MEHRA, TIM MASLEN , 1968 Perth Australia. JENNIFER MEHRA, 1970 London UK
Las obras de Maslen & Mehra yuxtaponen imágenes de gente en movimiento en ajetreadas calles urbanas con imágenes de espacios y vastos paisajes. El contraste en estos paisajes realzados llenos de vida con las siluetas de esculturas figurativas realzan la desconexión de la naturaleza con lo que pasa en las ajetreadas ciudades urbanas. Escrutando más de cerca las obras, se revelan los gestos de los habitantes urbanos: alguien está hablando con el móvil; otro se mueve con su pesada mochila a través de la jungla metropolitana, un habitante obviamente de un entorno urbano más que no rural. “Las composiciones contribuyen al debate de si las personas son una parte a viven aparte de la naturaleza.”

RUTH MORAN, Badajoz, 1976
La pintura nace, como casi todo, de una pura necesidad interior, y es, por tanto, un sustrato de la propia vida que suele estar llena de emociones comprimidas.
Para mí el espacio pictórico es un fragmento del espacio mental. Y éste abarca muchos espacios. Mis referentes, en mi caso, muchas veces están basados en la naturaleza, se penetran y mezclan entre sí en un magma de formas y colores emergiendo de lo orgánico. Color, luz, tramas, redes, raíces: todo ello paisajes interiores. Me adentro en la forma i sobretodo en los elementos simbólicos que me rodean. El ojo ha de tener su mirada en ese laberinto y perderse en el camino. El trabajo que realizo es dinámico y meditativo, trabajo sobre mis obsesiones y entiendo el proceso artístico como una catarsis.
La obra está basada en un diálogo con la naturaleza, evocaciones y un sentimiento compartido para ser uno con la totalidad.

ANNA OLIVELLA, Vilafranca del Penedès, Barcelona 1969
Estas imágenes están extraídas de la película “Deseando amar” del realizador de Hong Kong Wong Kar-Wai. actrices. Es el impacto que la fotografía llega a dar a unas imágenes en movimiento. “Deseando amar” es la historia de unos amantes incapaces de sobrevivir a una pasión amorosa. Se explica con escenas ubicadas en pasadizos estrechos, en callejones oscuros, un despacho, una habitación de ángulos improbables y sombras falsas. Contrastan los colores de las cortinas con el estampado del papel de las paredes, los vestidos de la protagonista, una ventana, un teléfono; un sueño cromático.

JAUME PARERA, Barcelona, 1970
Los vídeos producidos por Jaume Parera se han sucedido uno tras otro como episodios de un proceso de destrucción, degeneración y derroche. Son ejemplos ligados al desmontaje del objeto, donde lo atacado podríamos decir que es la propia imagen del artista o la máscara que él mismo se proporciona. Todas estas piezas breves retornan a un modo u otro de derrota. Curiosamente, su consistencia se desprende de la recurrencia al ataque y al desbarajuste obsesivo, así como la ridiculización, un modo de ataque a eso llamado amor propio. Carles Guerra.

GISELA RÀFOLS, Vilafranca del Penedès, 1984
Pretendo reflexionar sobre la fugacidad de la vida y del papel de las personas como seres ignorados, extraños, que simplemente están de paso, seres absurdos.

JOSÉ LUIS SERZO, Albacete, 1977
Serzo, la química de la quimera. Serzo es lo más quimérico que tenemos hoy en día en nuestro país, me refiero en el distrito del arte. En sus instalaciones, en sus telas, en el utillaje colateral, en sus dibujos y fotografías, en sus bocetos, en sus animaciones videográficas, en toda esa apasionante cartografía y atrezzo todo es posible. Todo, salvo lo obvio, lo cutre y lo superficial. El hombre solo construye, en su cámara secreta, el andamiaje para dar el salto al más allá. Diseña su propio sueño, pone su mirada en las nubes, bosqueja en una cuartilla las aspas de sus molinos alucinantes o las alas de sus gigantescas mariposas, instala una mullida butaca en la cumbre de un pico, planta un camino de flores casi fosforescentes —un camino que serpentea, como suele serpentear el camino de la belleza y la pureza de las cosas.
La obra de Serzo parte siempre de un relato. Es, en el mejor sentido de la palabra, una pintura eminentemente literaria. Su Blinky tiene algo de Lindbergh —el primer hombre en cruzar el gran charco— e intuimos que mucho más de Ícaro —esa mítica referencia del gran batacazo. Lo importante —nos recuerda el artista— no está en el viaje, en nuestra propulsión en el tiempo y el espacio, sino en la elaboración de ese sueño personal, en la secuencia de sus imágenes más significativas. Lo importante de veras reside en la auscultación de ese quejido —a veces convertido en música— de las esferas, el primigenio latido del cosmos. Al disfrutar de su arte total me vienen a la cabeza dos versos de Hart Crane que dicen: “Un hombre dijo al universo: / “¡Señor, existo!”. Jordi Llavina

FLORENCE VAISBERG, Buenos Aires, Argentina. (capital Federal), 1979
Mi obra es la construcción de lo que se tapa: una generación afónica, silenciada, opacada por la angustia. Registro ese instante eterno antes del despertar o del yacer para siempre. Vidas dormidas, sueños suicidas, existencias en suspenso, que a partir de la estetización se realzan y perduran.

Redacción Cadencialatina

 
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